domingo, 2 de septiembre de 2012

VUELTA A LA CANAL DE NAVARRES

Consciente de estar apurando los últimos sorbos de esta ingrata y sórdida vida, con el cuerpo destrozado y el alma inundada de dolor, intento que el temblor de mis exhaustas manos no hagan ilegible el legado que dejo a la posteridad en forma de crónica de los últimos hechos acaecidos en mi vil existencia y que me han conducido al estado de descomposición y decrepitud que me arrastra sin remedio al fin de mis días....

Así podría empezar la crónica de la ruta que nos metimos entre pecho y espalda en el día de ayer... brutal. Todo empezó una agradable y fresca mañana en Anna, donde habíamos quedado a las 08:00 de la mañana para iniciar la que sería nuestra aventura más larga hasta la fecha. Miguel, Diego, Justo, Fernando, Escribano y el que escribe estas líneas (Carmelo). 
Seis valientes en total, Seis.
Salimos a las 08:15 dirección hacia el Lago de Anna, no sin antes sortear lo que sería la primera confusión gpsera del día, debido a nuestro desconocimiento de la zona y lo escondido del camino en ciertas ocasiones.
Desde allí, dirección Chella, atravesando por todo el casco urbano y rodeando Bolbaite por el oeste para empezar a subir hasta la cumbre de la ruta (489 m.), momento en el que paramos para nuestra primera recarga de baterías en el paraje de la Ceja del Río Grande, donde había un grupo de acampada libre, y con los que estuvimos charlando.
A partir de ese momento, bajamos unos metros para adentrarnos en los cañones del río Grande, unos 7 km. de paisajes increíbles que tuvimos que hacer en gran parte andando dado que la ruta transcurría sobre el propio lecho del río, que aunque estaba seco, era prácticamente intransitable sobre las dos ruedas.
Llegado el momento, empezamos a encontrar tramos en los que iba surgiendo el agua, hasta llegar al Charco del Chorro, en el término de Quesa, donde nos pegamos un baño memorable, y su agua fresca calmó momentáneamente el escozor de los innumerables arañazos y raspones con que nos había tatuado la madre naturaleza.
Después de unas fotos, unos bocados y unas risas (aun estábamos para risas), retomamos el camino dirección Quesa, encontrándonos cada vez con más tramos ciclables, hasta que por fin abandonamos el río Grande. 
Tras unas dudas debido a que el camino se perdía en una zona de cañaveral y juncos, algunos aprovechamos el desconcierto general para rellenar el buche a base de higos (buenísimos) y al fin conseguimos encontrar la senda que nos habría de llevar de nuevo a la civilización, donde aprovechamos para llegar nuestros depósitos en la fuente de un parque, no sin antes desconfiar de las indicaciones para encontrar agua potable que nos daba un simpático indígena (...)
A partir de ahí, por el barranco Moreno, siguiendo una ruta transitada por 4x4 (alguno de ellos un tanto inconsciente), vamos buscando el embalse del río Escalona, con un par de caídas tontas (la mía en un cómodo y mullido colchón de aliagas), una tela de araña increíblemente resistente, algún que otro despiste, e incluso avistamiento de ciervos (en total fueron 10 los que llegamos a ver).
Llegamos por camino asfaltado a la presa del embalse de Escalona con 50 km. en las piernas y las caras ya no eran de amigos, y tras sortear las dos verjas que cierran el paso, y una "agradable" subida de 160 m. de desnivel (ya no estábamos para muchas bromas) continuamos esta vez dirección a la presa de Tous por pista forestal.
Varios kilómetros después comenzamos a divisar nuestra ansiada meta a lo lejos, pero los kilómetros cada vez eran más y más largos y más pesados, Escribano se baja de la bici porque le entra angustia, yo me tengo que bajar por un calambre y amago de otro en la otra pierna... volvemos a recomponer nuestras filas, cometemos el último error gpsero del día, que de paso nos regaló unas granadas con muy buena pinta, y retomamos el camino a Anna.
Una vez ya en Anna, a eso de las cuatro menos cuarto, paramos para hidratarnos en una fuente a la entrada del pueblo y vamos buscando un lugar para saciar nuestros estómagos vacíos, pero no conseguimos encontrar nada. La desesperación nos hace llegar a una heladería donde nos aconsejan "El mesón Gallego" a la salida del pueblo, volvemos a los coches, cargamos las bicis, estiramos, y buscamos el citado mesón, donde nos pegamos por fin un homenaje a base de menú del día bueno y barato y cerveza a eso de las cuatro de la tarde (agradecidos por habernos servido a esas horas).
A partir de ahí, seis despojos humanos se despiden y se dirigen a sus moradas para reponerse de lo que habría sido la ruta más larga y dura hasta la fecha...

Quede así constancia de la verdad de los hechos que aquí se relatan, advertidos quedáis aquellos a los que la osadía les haga seguir nuestros pasos, pues no encontrarán más que dolor y sufrimiento...



Según mi gps, hemos hecho un total de 70,98 km, a una media de 12,4 km/h y con un desnivel acumulado de 1.538 metros.




Ver mapa más grande
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Descargar Track de Ruta en Wikiloc: (Diego.v)

4 comentarios:

Carmelo dijo...

Crónica lista!!
Necesito vuestras fotos, vídeos, impresiones, o lo que sea, para acabar de completarla.
A preparar la siguiente aventura!!!

Carmelo dijo...

Por cierto, cuando llegué a casa me entraron dos calambres en las dos piernas que me hicieron sudar de dolor, en mi vida me había dolido nada tanto, creía que me desmayaba... lo dicho, a por la próxima ;)

Diego Vivo Gomez dijo...

Yo todavía noto hoy un poco de dolor en las piernas y he de decir que las uvas me sentaron mal jaja,menudo palizon pero lo pase muy bien.

Migue Ruiz dijo...

Saludos muchachada, yo tambien estoi vivo toda la tarde noche del sabado tumbado cual tullido, pero lo que no te mata te hace mas fuerte.
Pedazo de cronica al estilo novela de Stephen King o del aun mejor Carlos Ruiz Zafon.
Nos vemos en unas semanas, me voy de vacaciones a Asturias los picos de Europa nos esperan si veo alguna ruta me la apunto aunque nos pilla un poco lejos.